lunes, 5 de abril de 2010

OSCURIDAD


Oscuridad.
Darkness, Lord Byron.

Tuve un sueño, que no era del todo un sueño.
El brillante sol se apagaba, y los astros
vagaban diluyéndose en el espacio eterno,
sin rayos, sin senderos, y la helada tierra
oscilaba ciega y oscureciéndose en el aire sin luna;
la mañana llegó, y se fue, y llegó, y no trajo
consigo el día,
Y los hombres olvidaron sus pasiones ante el terror
de esta desolación; y todos los corazones
se helaron en una plegaria egoísta por luz;
y vivieron junto a hogueras - y los tronos,
los palacios de los reyes coronados - las chozas,
los hogares de todas las cosas que habitaban,
fueron quemadas en las fogatas; las ciudades se consumieron,
Y los hombres se reunieron en torno
a sus ardientes refugios
para verse nuevamente las caras unos a otros;
Felices eran aquellos que vivían dentro del ojo
de los volcanes, y su antorcha montañosa:
Una temerosa esperanza era todo lo que el mundo contenía;
Se encendió fuego a los bosques - pero hora tras hora
Fueron cayendo y apagándose - y los crujientes troncos
se extinguieron con un estrépito -
y todo fue negro.

Las frentes de los hombres, a la luz sin esperanza,
tenían un aspecto no terreno, cuando de pronto
los haces caían sobre ellos; algunos se tendían
y escondían sus ojos y lloraban; otros descansaban
sus barbillas en sus manos apretadas, y sonreían;
y otros iban rápido de aquí para allá, y alimentaban
sus pilas funerarias con combustible,
y miraban hacia arriba
con loca inquietud al sordo cielo,
El sudario de un mundo pasado; y entonces otra vez
con maldiciones se arrojaban sobre el polvo,
y rechinaban sus dientes y aullaban; las aves silvestres chillaban,
y, aterrorizadas, revoloteaban sobre el suelo,
y agitaban sus inútiles alas; los brutos más salvajes
venían dóciles y trémulos; y las víboras se arrastraron
y se enroscaron entre la multitud,
siseando, pero sin picar - y fueron muertas para ser alimento:
y la Guerra, que por un momento se había ido,
se sació otra vez; - una comida se compraba
con sangre, y cada uno se hartó, resentido y solo
atiborrándose en la penumbra: no quedaba amor;
toda la tierra era un solo pensamiento -
y ese era la muerte,
Inmediata y sin gloria; y el dolor agudo
del hambre se instaló en todas las entrañas - hombres
morían, y sus huesos no tenían tumba,
y tampoco su carne;
el magro por el magro fue devorado,
y aún los perros asaltaron a sus amos,
todos salvo uno,
Y aquel fue fiel a un cadáver, y mantuvo
a raya a las aves y las bestias y los débiles hombres,
hasta que el hambre se apoderó de ellos, o los muertos que caían
tentaron sus delgadas quijadas; él no se
buscó comida,
Sino que con un gemido piadoso y perpetuo
y un corto grito desolado, lamiendo la mano
que no respondió con una caricia - murió.

De a poco la multitud fue muriendo de hambre;
pero dos
de una ciudad enorme sobrevivieron,
y eran enemigos; se encontraron junto
a las agonizantes brasas de un altar
donde se había apilado una masa de cosas santas
para un fin impío; hurgaron,
y temblando revolvieron con sus manos delgadas y esqueléticas
en las débiles cenizas, y sus débiles alientos
soplaron por un poco de vida, e hicieron una llama
que era una burla; entonces levantaron
sus ojos al verla palidecer, y observaron
el aspecto del otro - miraron, y gritaron, y murieron -
De su propio espanto mutuo murieron,
sin saber quién era aquel sobre cuya frente
la hambruna había escrito Enemigo.
El mundo estaba vacío,
lo populoso y lo poderoso - era una masa,
sin estaciones, sin hierba, sin árboles, sin hombres, sin vida -
una masa de muerte - un caos de dura arcilla.

Los ríos, lagos, y océanos estaban quietos,
y nada se movía en sus silenciosos abismos;
las naves sin marinos yacían pudriéndose en el mar,
y sus mástiles bajaban poco a poco; cuando caían
dormían en el abismo sin un vaivén -
Las olas estaban muertas; las mareas estaban en sus tumbas,
Antes ya había expirado su señora la luna;
Los vientos se marchitaron en el aire estancado,
Y las nubes perecieron; la Oscuridad no necesitaba
De su ayuda - Ella era el universo.

Oscar Wilde (1854-1900)


Bajo el Balcón.
Under the Balcony; Oscar Wilde.

¡Oh, hermosa estrella de boca carmesí!
¡Oh, luna de cejas doradas!
¡Se elevan, se elevan desde el fragante sur!
Iluminan el sendero de mi amor,
Para que sus delicados pies no se extravíen
En el viento que corre por la colina.
¡Oh, hermosa estrella de boca carmesí!
¡Oh, luna de cejas doradas!

¡Oh, bote que te agitas en el desolado mar!
¡Oh, barco de húmedas, blancas velas!
¡Vuelve, vuelve hasta el puerto por mi!
¡Pues mi amada y yo deseamos ir
A la tierra en la que los narcisos soplan
Sobre el corazón de un valle púrpura!
¡Oh, bote que te agitas en el desolado mar!
¡Oh, barco de húmedas, blancas velas!

¡Oh, fugaz ave de graves, dulces notas!
¡Oh, ave que descansas en el rocío!
¡Canta, canta con tu voz suave en el vacío!
¡Mi amor en su pequeño lecho
Te escuchará, alzará su cabeza de la almohada
Y seguirá mi camino!
¡Oh, fugaz ave de graves, dulces notas!
¡Oh, ave que descansas en el rocío!

¡Oh, flor que cuelgas en el aire trémulo!
¡Oh, flor de labios nevados!
¡Desciende, desciende hasta el cabello de mi amor!
¡Has de morir en su cabeza como una corona,
Has de morir en un pliegue de sus vestidos,
En el pequeño brillo de su corazón has de reposar!
¡Oh, flor que cuelgas en el aire trémulo!
¡Oh, flor de labios nevados!

jueves, 25 de marzo de 2010

LESBOS Y SAFO


La isla de Lesbos (griego Λέσβος, Lésvos) forma parte de una gran cobertura de islas cercanas a la costa de Turquía (en el mar Egeo). Su capital es Mitilene. Constituye junto con algunas islas menores la prefectura de Lesbos.

Es famosa por ser la patria de la poetisa de la antigüedad Safo, cuyos poemas describían su amor apasionado hacia sus compañeras, que dio origen al moderno término lesbianismo. Por otra parte, el gentilicio de los isleños en español es lesbio y lesbia.

Es la tercera isla más grande de Grecia (Creta y Eubea la superan) y la octava del Mediterráneo (Chipre, Córcega, Sicilia, Cerdeña y Mallorca, y las dos griegas la superan) con una superficie de 1.630 km² y 320 km perimetrales de costa. La población está cercana a los cien mil habitantes de los cuales más de un tercio viven en la capital Mitilene. Las ciudades principales aparte de la capital son Kalloni, Gera, Plomari, Ayassos, Ereso, y Molivos (antigua Metimna). Plomari y Molivos son centros turísticos junto con Ereso, muy visitada por ser el lugar de nacimiento de la poetisa Safo.

Pasó toda su vida en Lesbos, isla griega cercana a la costa de Asia Menor, con la excepción de un corto exilio en Siracusa (actual Sicilia) en el año 593 a. C., motivada por las luchas aristocráticas en las que probablemente se encontraba comprometida su familia perteneciente a la oligarquía local.[cita requerida]

Perteneció a una sociedad llamada Thiasos en donde se preparaba a las jóvenes para el matrimonio. Más adelante conforma la llamada "Casa de las servidoras de las Musas". Allí sus discípulas aprendían a recitar poesía, a cantarla, a confeccionar coronas y colgantes de flores, etc. A partir de sus poemas se suele deducir que Safo se enamoraba de sus discípulas y mantenía relaciones con muchas de ellas. Todo esto la ha convertido en un símbolo del amor entre mujeres. Y es más, estas afirmaciones son comprobadas en el fragmento 2D en donde Safo establece una conversación con la diosa con la que más se identifica y tiene relación, Afrodita. Esta le pide que le ayude con alguien a quien ama pero que no le ha querido prestar atención, y cuando Afrodita dice “…aún sin quererlo” utiliza un participio femenino: kouk ethéloisa, que refleja la existencia de un eros homosexual en la vida de esta poeta. Pero el amor que refleja Safo no fue dado a todas sus alumnas, no se trataba de una orgía ni mucho menos, ella amaba a una especial de su corazón y le enseñaba importantes lecciones sobre el Amor. La unión de lo terrenal con lo divino va muy ligado a Safo, pues esta mantenía una estrecha comunicación con Afrodita, como ya hemos dicho, lo cual repercutió de una manera notable en la personalidad de esta poeta. Podríamos describirla como una mujer muy femenina, delicada y espiritual, que trascendió en la Historia gracias a esa naturalidad y pureza de sus versos. Cuenta la leyenda surgida a partir de algún fragmento de la propia poeta en el que hace mención de Faón, un hombre bello del que se enamoró la propia diosa Afrodita según el mito, que se suicidó desde la roca de Léucade lanzándose al mar cuando su amor por Faón no se vio correspondido. Esta roca de la isla de Léucade era, al parecer, desde donde se lanzaban con frecuencia los enamorados para suicidarse. Otra versión afirma que Safo lo escribió como metáfora de una decepción amorosa que tuvo con una de sus amadas, ya que en uno de sus fragmentos se describe como alguien que ya ha llegado a la vejez "incapaz de amar". El tema fue retomado por el poeta latino Ovidio, que lo popularizó. En efecto, el poeta latino convirtió a Safo en una de sus Heroínas, como autora de una carta de amor dirigida a Faón. De todas las heroínas de Ovidio, Safo es la única mujer real, es el único caso en el que una mujer se convierte en personaje de ficción. Esta imagen de Safo atormentada por un amor no correspondido fue muy querida y representada por los grandes pintores europeos del s. XIX, que reflejan una visión romántica de Safo con el pelo largo, apoyada en la roca.

CRONOS


Cuenta la mitología, que antes de la creación del mundo existía el Caos, el agua, la tierra y el aire, o sea, los elementos que conforman al mundo estaban revueltos. Poco a poco estos elementos se fueron separando y se formó la Tierra y el Cielo.

En esta época el mundo, estaba poblado por divinidades terribles: los titanes y los cíclopes. Los titanes eran gigantes, con una extraordinaria fuerza, y los cíclopes eran seres salvajes con un sólo ojo en medio de la frente.

Sobre el universo reinaba Cronos o el Tiempo, quien tomó por esposa a la reina Rhea, sobre su felicidad pesaba una amenaza, a Cronos le habían predicho que sería destronado por uno de sus hijos y que este sería el dios soberano del mundo, fue entonces que decidió comerse a sus propios hijos. Se apoderaba de ellos, apenas nacidos y se los comía sin piedad alguna.

Un día nació el pequeño Zeus, jamás Rhea había tenido un hijo tan bello, acongojada por el destino que le esperaba al pequeño decidió salvarlo. Cogió una pesada piedra y la envolvió entre paños y meciéndola como si fuera un niño se la entrego a su esposo Cronos. Era la hora de la cena y Cronos tenía mucha hambre, tomó el envoltorio de manos de Rhea y en la penumbra de la noche se tragó la piedra y los paños.

Rhea tomó a su hijo y huyó con él, protegida por las sombras de la noche. Llegó a la isla de Creta donde ya había pensado refugiarse, ya que sus habitantes sentían hacia ella una gran veneración.

Caminó hasta el centro de la isla y un espeso bosque se internó en una gruta profunda, sus paredes estaban cubiertas de fresca hiedra.

-- Querida hiedra—suplicó la diosa

-- Extiende tus ramas y oculta la entrada—la hiedra empezó a crecer hasta ocultar la entrada de la cueva.

Rhea llamó después a las ninfas del bosque y les confió a su hijo – cuiden de él – les recomendó, besó la cabeza del niño y se marchó.

Las ninfas le prepararon una cuna de oro y acostaron al niño, después llamaron a Amaltea, que era una cabra blanca, para que lo amamantara. Las abejas destilaron una dulce miel para el recién nacido, las palomas le llevaron en su pico la ambrosía, el alimento de los inmortales y un águila de alas inmensas, era la portadora del néctar, la bebida de los dioses.

Una de las ninfas, le fabricó al niño una pelota de oro, que al lanzarla al aire brillaba. Cuando Zeus lloraba o gritaba, llamaban a los sacerdotes, los "coribantes", que danzaban a la entrada de la cueva golpeando sus espadas contra sus grandes escudos de cobre, este ruido hacía que Cronos no oyera los gritos del niño.

Así Zeus creció sano y fuerte, llegando a la edad adulta. Se hizo pasar por un sirviente y le administró a su padre Cronos un poderoso medicamento mezclándoselo en el vino, esto hizo que Cronos vomitara y así fue como los hermanos de Zeus salieron de nuevo al mundo, al igual que la piedra: Poseidón, Hades, Vesta, Hera y Démeter.

Se unieron los tres hermanos: Zeus, Poseidón y Hades contra su padre Cronos y los titanes. Zeus también llamó en su ayuda a los cíclopes, quienes tenían una fragua en el centro de la tierra, donde trabajaban los metales, custodiados por tres enormes gigantes. Si le ayudaban a derrotar a los titanes, al finalizar la guerra, los recompensarían librándolos de su prisión subterránea.

Aceptaron los cíclopes y los gigantes, se armaron y salieron a la superficie de la tierra. Los dos ejércitos enemigos lucharon furiosamente, mezclándose entre una tempestad de piedras, lanzas, flechas y saetas, saliendo vencedores los cíclopes.

Terminadas estas grandes guerras los tres hermanos se repartieron las diferentes regiones del Cosmos, a Hades le correspondió reinar en las entrañas de la tierra, dios de los funerales y la muerte. A poseidón, le correspondió reinar sobre el mar y todas sus criaturas y a Zeus el dominio del cielo. Desterraron a los titanes y establecieron su morada en la cima del Monte Olimpo.

El Olimpo es la montaña más alta de Grecia y está situada entre Macedonia y Tesalia, coronada por nubes, donde existe la eterna primavera, el aire es siempre tibia y la luz brilla con toda su pureza.

El alimento de estos dioses era la ambrosía y la bebida era el néctar. Este alimento y bebida recreaban los sentidos, embalsamaban los aires, daban la juventud y la dicha y aseguraban la inmortalidad.

Desde su trono de marfil, Zeus gobernaba, cuando algún suceso lo contrariaba, el dios montaba en cólera y una gran cantidad de nubes invadia el cielo, ocultando la cima del Olimpo, lanzaba sobre la tierra descargas de lluvia, relámpagos y sonoros truenos.

Disminuida la ira del dios el viento se calmaba y aparecía la ninfa Iris, mensajera divina, colocando en la bóveda del cielo su banda de siete colores: el arcoiris, anunciando así el buen tiempo.

Zeus manifestaba de esta manera a los hombres, su poder supremo y sabían que debían temer la cólera y los castigos del dios. En el Olimpo, donde vivían los demás dioses, la vida era tranquila y plácida. Por las mañanas, la Aurora, abría las puertas del palacio y una hermosa luz se difundía por el cielo.

Los dioses se levantaban e iban a reunirse al salón del trono, encontraban una mesa ricamente preparada donde comían la ambrosía y bebían el néctar. Hebe, la diosa de la juventud, ofrecía la bebida a los dioses y todos los que la tocaban con sus labios no envejecían.

Zeus construyó aquí el palacio real, y formó el consejo de los dioses y desde entonces se llamaron dioses olímpicos que estaban conformados por seis hombres y seis mujeres: Zeus, es el rey, controla el trueno y los fenómenos atmosféricos; Poseidón, que tenía el dominio del mar y sus criaturas era hermano de Zeus; Arés, dios de la guerra; Helios, dios del sol, la luz, la musica y las curaciones; Hermes, el mensajero; Hefestos, dios del fuego, el forjador de los metales; Hera, esposa de Zeus; Atenea, diosa de la sabiduría, hija de Zeus; Afrodita, diosa del recurso y la belleza; Démeter, diosa de la agricultura; Artemisa, diosa de los bosques y la caza; Hestía, dios del hogar doméstico y el fuego sagrado.

En otro palacio alejado del de Zeus, habitaban los ministros del Destino, llamados las Moiras que eran tres: Cloto, Laquesis y Atropos. Este palacio era de bronce y en sus muros, estaba grabado el destino de los hombres y el camino de los astros. Cloto era la Moira más joven y sostenía la rueca en que se hilaban los destinos humanos, Laquesis, la segunda volteaba el huso y Atropos, cortaba el hilo de la existencia con unas tijeras de oro. Tejían con hebras de lana blanca, mezcladas con hilos dorados y negros y así hilaban la vida de los hombres: Los hilos blancos y dorados indicaban días de felicidad y los negros señalaban una vida breve y de dolor. Cuando la vida llegaba a su fin, la hebra se cortaba y alguien moría en la tierra.

Otro ministro del destino, aún más poderoso que las Moiras, es la Necesidad, diosa absoluta, a la que el mismo Zeus obedecía, esta diosa tiene un huso de diamante, una de sus puntas toca el suelo y la otra se pierde en el cielo. Los griegos la llamaron Ananké.

Un día Zeus, pensó que una esposa podría alegrar su vida en el gran palacio. Descendió a la tierra donde vivía una hermosa diosa llamada Hera, para enamorarla recurrió a su acostumbrado recurso de la metamorfosis, desató una tormenta y se convirtió en una especie de ave parecida a la tórtola refugiándose a los pies de Hera. Compadecida la diosa del pobre animal, lo recogió y lo puso en su pecho para darle calor, pero Zeus le pidió que fuera su esposa.

Se celebraron las solemnes bodas, asistiendo todos los dioses hombres y animales, Hermes sirvió de mensajero para citar a tan importante fiesta. Así la bella Hera se convirtió en la reina del Olimpo.

Zeus y Hera procrearon varios hijos, el ingenio de Zeus y el poder de este de cambiar su apariencia lograron poblar la tierra y el cielo de dioses y semi-dioses.

LORD BYRON


En un álbum

Sobre la fría losa de una tumba
un nombre retiene la mirada de los que pasan,
de igual modo, cuando mires esta página,
pueda el mío atraer tus ojos y tu pensamiento.

Y cada vez cada vez que acudas a leer este nombre,
piensa en mí como se piensa en los muertos;
e imagina que mi corazón está aquí,
inhumado e intacto.

acuerdate de mi (LORD BYRON)


Acuérdate de mí

Llora en silencio mi alma solitaria,
excepto cuando está mi corazón
unido al tuyo en celestial alianza
de mutuo suspirar y mutuo amor.

Es la llama de mi alma cual lumbrera,
que brilla en el recinto sepulcral:
casi extinta, invisible, pero eterna...
ni la muerte la puede aniquilar.

¡Acuérdate de mí!... Cerca a mi tumba
no pases, no, sin darme una oración;
para mi alma no habrá mayor tortura
que el saber que olvidaste mi dolor.

Oye mi última voz. No es un delito
rogar por los que fueron. Yo jamás
te pedí nada: al expirar te exijo
que vengas a mi tumba a sollozar.

UN SUEÑO


Un sueño

¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
antes de partir, confieso
que acertaste si creías
que han sido un sueño mis días;
¿Pero es acaso menos grave
que la esperanza se acabe
de noche o a pleno sol,
con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueno.

Frente a la mar rugiente
que castiga esta rompiente
tengo en la palma apretada
granos de arena dorada.
¡Son pocos! Y en un momento
se me escurren y yo siento
surgir en mí este lamento:
¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo
retenerlos en mis dedos?
¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera
salvar uno de la marea!
¿Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño?